Dios los cría y el rock los junta. Juanito Makandé y El Canijo de Jerez. O El Canijo de Jerez y Juanito Makandé. Tanto monta, monta tanto. Eso sí, cómo se lo montan. Este par de compadres –no solo musicales, también vitales- se han aliado para parir felizmente uno de los últimos fenómenos surgidos en nuestro Sur al amparo de los clásicos y para regocijo de los jóvenes. Estricnina se llama el invento: un combo que lo mismo te suena a Smash que te hace bailar por los Meters, el niño gitano que hubiera querido Keith Richards, el primo guiri con el que soñaban los Triana. “Hemos visto cosas que hubieran hecho vomitar a un murciélago”, confiesan en su primer disco, una gozada de disco que más que a veneno, por mucho que se afanen, sabe a gloria bendita.